Gustave-Marie Greux nació en París en 1838. Inició su formación artística como pintor en el taller de Charles Gleyre, donde adquirió una sólida base académica. Su verdadera vocación surgió en el grabado, disciplina que perfeccionó en los prestigiosos estudios de Léopold Flameng y Léon Gaucherel, dos de los maestros más influyentes de la época.
Debutó ante el público en el Salón de 1859 con un bodegón, pero fue a partir de 1861 cuando comenzó a destacarse como grabador. Su carrera estuvo marcada por constantes reconocimientos: recibió medallas en los Salones de 1871 y 1873, premios en las Exposiciones Universales de Viena (1873) y Londres (1874), y alcanzó la medalla de honor en 1878 y el oro en la Exposición Universal de París de 1900, evidenciando su dominio técnico absoluto a lo largo de su trayectoria.
Greux es recordado principalmente como grabador de reproducción, capaz de capturar con gran fidelidad la atmósfera y el trazo de diversos maestros europeos. Entre sus interpretaciones más célebres se incluyen obras de Jean-François Millet (La rentrée du troupeau), Théodore Rousseau y Philips Wouwerman. Sus aguafuertes originales suelen reflejar escenas rurales y paisajes al estilo de la Escuela de Barbizon, y participó activamente en la ilustración de colecciones de arte británicas y francesas, destacando especialmente su trabajo para Works of Art in England.
Falleció en Asnières en 1919, a los 81 años. Su legado se caracteriza por haber elevado el grabado de reproducción a un arte interpretativo de gran finura, y sus obras forman parte de colecciones de élite como las del British Museum, el Royal Museum of Fine Arts, Amberes y la Syracuse University.